¿Qué son exactamente las rojeces del rostro?
Como su nombre indica, las rojeces del rostro aparecen cuando la piel adquiere una tonalidad que puede ir del rojo intenso al rojo azulado. Aunque son más visibles en las pieles claras, sus causas son en realidad más complejas y pueden variar en función de distintos factores.
Como muchas alteraciones cutáneas, las rojeces suelen aparecer en zonas específicas del rostro, como la nariz, las mejillas, el mentón y la frente. En los casos más intensos, también pueden extenderse por todo el rostro.
Según su origen, las rojeces pueden ser temporales. Pueden revelar una sensibilidad cutánea y durar desde unos instantes hasta varios días. En este caso, se trata de un estado pasajero de la epidermis. Sin embargo, si no se tratan adecuadamente, también pueden persistir durante semanas o incluso meses.
Rojeces en el rostro: ¿cuáles son sus causas?
Piel reactiva: una cuestión de vasos sanguíneos
Cuando aparecen rojeces en el rostro, los vasos sanguíneos desempeñan un papel fundamental. Sonrojarse es una de las reacciones más habituales y naturales de la piel, aunque a veces pueda resultar incómodo. Cuando las mejillas se enrojecen, aumenta el flujo sanguíneo en el rostro debido a una mayor actividad de los vasos sanguíneos. Las rojeces repentinas se deben a la dilatación de los vasos sanguíneos de la dermis, situados justo debajo de la epidermis.

Aunque las rojeces del rostro pueden ser una respuesta automática a emociones intensas como la timidez, la ira o el estrés, también pueden aparecer en numerosas situaciones cotidianas:
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Actividad física
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Consumo de alcohol o alimentos picantes
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Exposición a temperaturas elevadas, como el sol, la sauna o duchas y baños demasiado calientes
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Reacciones alérgicas, ya sean provocadas por cosméticos o medicamentos
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Sofocos, especialmente durante la menopausia
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Genética: las rojeces pueden aparecer en personas con una piel denominada «vasorreactiva», una característica que puede ser hereditaria
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Envejecimiento cutáneo: a partir de los 25 años, la piel puede volverse más propensa a las rojeces
Si las rojeces o el rubor aparecen en estas situaciones, generalmente se trata de una reacción normal del organismo y no necesariamente de una alteración cutánea.
Sin embargo, las rojeces del rostro pueden ir acompañadas de otros síntomas, como hinchazón, sensación de calor, picor o lesiones. Dependiendo de su intensidad, conviene prestar atención a estos signos, ya que pueden indicar una alteración cutánea más importante, como rosácea, cuperosis o eritrosis.
Tratar la hiperreactividad cutánea
Cuando la piel es propensa a la rosácea, las irritaciones o las rojeces localizadas en el rostro, es esencial adaptar la rutina de cuidado con productos específicamente formulados para pieles sensibles, con el fin de ayudar a reforzar la barrera cutánea.
Para ayudar a reducir las rojeces de las pieles altamente reactivas, la dermocosmética ofrece diferentes activos adecuados para las pieles sensibles. Elegir una rutina de cuidado apropiada es igualmente esencial.

¿Cómo ayudar a reducir las rojeces del rostro?
Adopta una rutina de cuidado para reforzar los vasos sanguíneos frágiles
Para reforzar la barrera cutánea sin aumentar la sensibilidad de la piel, adoptar los gestos adecuados es esencial para conseguir una piel saludable y luminosa, con rojeces visiblemente reducidas.
Los cuidados de Investigación Avanzada PATYKA han sido desarrollados para responder a las necesidades de todos los tipos de piel, incluidas aquellas propensas a las rojeces.

Doble limpieza para las pieles reactivas
La doble limpieza permite eliminar el maquillaje y las impurezas en dos etapas esenciales. Con sus cuidados certificados bio, PATYKA transforma el desmaquillado en un auténtico momento sensorial que combina suavidad y eficacia. Sus fórmulas delicadas reconfortan y calman incluso las pieles más reactivas.
Enriquecido con Aceites bio de Girasol, Jojoba y Hueso de Albaricoque, el Aceite Desmaquillante Clarificante elimina eficazmente el maquillaje y aporta propiedades antioxidantes, regeneradoras, protectoras y suavizantes.

Aplica la Espuma Limpiadora Detoxificante directamente sobre el Aceite Desmaquillante Clarificante con la yema de los dedos y masajea delicadamente realizando movimientos circulares.
Gracias a la acción detox del Moringa bio, las pieles sensibles con tendencia a las rojeces también pueden beneficiarse de la limpieza con agua. Rico en Vitamina B3, este activo ayuda a reforzar la piel y a protegerla frente a las agresiones externas y los cambios climáticos. Su fórmula sin jabón y su textura ultracremosa limpian respetando el equilibrio natural de la piel.
Para terminar, aporta confort, hidratación y luminosidad a las pieles propensas a las rojeces con la Loción Láctea Calmante, enriquecida con Aloe Vera bio de propiedades suavizantes.
Ayuda a eliminar los residuos de cal del agua —uno de los principales enemigos de las pieles urbanas reactivas—, mientras que la Malva bio, naturalmente rica en mucílagos, aporta propiedades calmantes y suavizantes. Está especialmente indicada para las pieles propensas a inflamaciones, rojeces y picores.

Activos esenciales para proteger las pieles reactivas de las rojeces
Una vez adaptada la rutina e incorporada una doble limpieza suave, la hidratación se convierte en un paso esencial. El viento, la contaminación, la exposición solar y el aire acondicionado pueden debilitar la película hidrolipídica, mientras que la piel pierde aproximadamente un 20 % de su agua cada día, volviéndose más sensible y frágil.
Aportar una hidratación adicional con un cuidado hidratante antirojeces es, por tanto, un gesto esencial, al igual que seleccionar los activos adecuados para las pieles reactivas.

El Sérum Azul Hydra Booster está enriquecido con Ácido Hialurónico Puro & Natural, un activo intensamente hidratante, y Tremella, un hongo asiático que ayuda a retener el agua en la piel.
El Agua de Glaciar del Mont Blanc hidrata la piel y aporta minerales y oligoelementos esenciales. Por último, el Bisabolol vegetal ayuda a proteger las pieles sensibles.
Intensamente hidratada, la piel recupera su luminosidad natural y está visiblemente mejor protegida frente a las agresiones externas que pueden intensificar las rojeces.
Continúa con una crema hidratante para ayudar a limitar la pérdida insensible de agua y proporcionar una hidratación adicional. La Crema Láctea Hydra Calmante es ideal para las pieles normales que buscan suavidad y flexibilidad. Su textura fresca y sedosa combina Agua de Glaciar del Mont Blanc hidratante con Ceramidas Vegetales que ayudan a prevenir la deshidratación y proteger la barrera cutánea.
Para las pieles más secas, la Crema Rica Hydra Calmante aporta el confort que necesitan. Enriquecida con Manteca de Mango nutritiva y suavizante, no deja una película grasa sobre la piel.
Como la sequedad y la deshidratación suelen estar asociadas a las pieles sensibles, aplica la Mascarilla en Crema Hydra Reparadora una o dos veces por semana para ayudar a reforzar la barrera cutánea y recargar la piel de hidratación en tan solo 10 minutos.
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Adopta los gestos adecuados a diario:
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Aplica diariamente cuidados hidratantes antirojeces o elige aceites vegetales como el Aceite de Cáñamo. Opta por una fórmula bio y sin conservantes. Rico en ácidos grasos poliinsaturados, el Aceite de Cáñamo ayuda a descongestionar, reparar y purificar la piel, al tiempo que calma las pieles reactivas. Para protegerla frente a las agresiones externas —uno de los principales desencadenantes de la sensibilidad—, elige cuidados ricos en Ceramidas que ayuden a reforzar la barrera cutánea y mantener la hidratación.
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Protege la piel frente a los cambios bruscos de temperatura y utiliza cuidados con protección solar siempre que haya exposición al sol, incluso en invierno.
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Por último, si las rojeces persisten, consulta con un dermatólogo, que podrá aconsejarte y recomendarte el tratamiento más adecuado para tu piel y tu estilo de vida.
Rosácea, eritrosis y cuperosis: hiperreactividad de los vasos sanguíneos de la piel
Cuando las rojeces evolucionan hasta formar zonas visibles en el rostro cada vez más difíciles de disimular, pueden indicar una alteración cutánea denominada eritrosis, cuperosis o rosácea.
Sus síntomas son similares, pero corresponden a diferentes estadios: la eritrosis se caracteriza por rojeces difusas; la cuperosis, por la aparición de pequeños vasos sanguíneos visibles; y la rosácea suele ir acompañada de granos y pequeñas protuberancias.

Cada una se caracteriza por rojeces de intensidad variable, permanentes o intermitentes, que aparecen en zonas localizadas del rostro. Estas rojeces se deben a una dilatación excesiva de los pequeños vasos sanguíneos superficiales.
Estos diminutos vasos, denominados capilares sanguíneos, desempeñan un papel esencial en la nutrición de la piel. Le aportan el oxígeno que necesita para mantenerse saludable y bonita, pero también son extremadamente frágiles y sensibles a las agresiones externas.
Cuando los capilares se dilatan, la piel se vuelve más frágil y puede perder vitalidad. En el rostro están especialmente expuestos al entorno, y los cambios bruscos de temperatura pueden provocar su dilatación, favoreciendo la aparición de cuperosis y rojeces.
Estas alteraciones cutáneas afectan principalmente a mujeres con piel clara y frágil y pueden aparecer a cualquier edad. En muchos casos, las rojeces asociadas a estas alteraciones aparecen en mujeres con una predisposición genética que puede verse agravada por factores ambientales.
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